Consejos para disfrutar de las comidas navideñas de forma saludable

Para que en estas fechas las placenteras comidas familiares no pesen tanto como de costumbre.

Etiquetas:

Tras una comida excesiva, nuestro corazón tiene que trabajar a gran ritmo durante seis horas para hacer la digestión. Una situación que, si no andamos con cuidado, se produce demasiado a menudo en estas fechas, cosa que perjudica a nuestra salud. Lejos de lo que muchos creen, evitarlo no pasa necesariamente por esfuerzos titánicos, sino por seguir una serie de recomendaciones relativamente sencillas que listamos a continuación.

NO AL AYUNO

Obligarse a pasar hambre para compensar comer de más en las comidas y cenas familiares no es una buena idea. Rompe los ritmos a los que tenemos acostumbrados a nuestro aparato digestivo y no evita los efectos negativos de una ingesta desproporcionada. La apuesta correcta es seguir desayunando y comiendo a las horas habituales, y evitar así un hambre excesiva en el momento de sentarse a la mesa durante las celebraciones. Eso sí, se recomienda apostar por opciones ligeras.

CUIDADO CON EL ALCOHOL

En los instantes previos y posteriores a las grandes comidas se suelen consumir múltiples bebidas alcohólicas, desde cervezas hasta vinos, licores o cocteles. En exceso, esta práctica es tan dañina como las sobredosis calóricas. Para compensar, se aconseja beber agua durante la comida, combinada con vino (tinto o el blanco) o champán, opciones siempre preferibles frente al resto de alternativas alcohólicas.

SIGUE EJERCITÁNDOTE

Si tenemos la suerte de disfrutar de un período de vacaciones, hay que aprovechar para aumentar el tiempo que le dedicamos a practicar deporte y dar largos paseos antes o después de las reuniones. Ambas cosas reducen nuestro apetito desenfrenado y ayudan a reducir los posibles efectos negativos para la salud asociados a los atracones.

LA ELECCIÓN DE LOS MENÚS NAVIDEÑOS

Si nos toca ser los anfitriones, o participar en el proceso de selección de los platillos que se van a servir, hay varias cosas que debemos tener en mente para no sobrecargar a los invitados ni a nosotros mismos. En primer lugar, hay que controlar el tamaño de las raciones. Ya saben, menos es más. Se trata de degustar platos deliciosos, no de terminar empachados. En segundo lugar, hay que apostar por menús cerrados, nada de buffets, ya que la variedad complica la digestión.

En tercer lugar, hay que intentar evitar el exceso de calorías y, en el caso de no poder evitarlas por el bien del disfrute, intentar que dichas calorías no sean vacías, sino que deriven de buenos nutrientes. Algo que ayuda mucho es incluir, siempre que sea posible, frutas y vegetales de temporada en los platos. También utilizar lácteos desnatados y edulcorante, así como la mínima cantidad de aceite durante la cocción. Por ello recomendamos escoger preparaciones con aire y agua.

En cuanto a las salsas, hay que ser muy selectivo, apostar por lo casero e intentar que no inunden todos los platillos. Y, por último, evitar las frituras. Dejemos por una vez de lado los capeados.

Aperitivo

Como decíamos, para no saturar estómagos es mejor ser selectivos y no llenar la mesa de inacabables starters que nos sacien antes de tiempo. Lo mejor es ofrecer pequeños bocados que no quiten el hambre ni sean excesivamente calóricos. Cosas ligeras y de tamaño reducido para matar el gusanillo mientras la gente se saluda y se va poniendo cómoda.

Primer tiempo

Aquí la regla de oro es entender que este platillo nunca debe competirle ni robarle atención al principal. Por eso, hay que priorizar recetas poco pesadas que se limiten a despertar el estómago, sin llenarlo. Cremas de verduras, mariscos o consomés son algunas de las opciones más recomendables, a poder ser sin cargarlas de lácteos grasos ni añadir pasta u otros ingredientes calóricos.

Otra opción que nunca falla es una buena ensalada, colorida y con productos de temporada. O, en la misma línea, un buen plato de verduras asadas. El mensaje central, a fin de cuentas, sería: la pasta y el arroz, mejor para otra ocasión.

Segundo tiempo

En este punto no vamos a pretender impedir el uso de un platillo central con la carne como protagonista, pero sí a recordar que el cordero o el pato no son precisamente aconsejables, ya que contienen mucha grasa. Como regla general, la idea sería sustituir las carnes rojas por aves y pescados blancos.

Si nos decantamos por la carne, el pavo, el pollo e, incluso, el solomillo de cerdo son piezas relativamente ligeras y ricas en proteínas. Busquemos recetas para ellas. En todos estos casos, lo importante es escoger cortes magros y, de nuevo, controlar las raciones. Otros consejos fundamentales son elegir técnicas de preparación sanas y optar por ingredientes complementarios también bajos en grasas. Ah, y hay que evitar a toda costa los rellenos sobrecargados (tocino y demás ideas tapona-arterias).

Si, por el contrario, no nos importa prescindir de la carne, el pescado es siempre mejor opción a la hora de aligerar el menú navideño. La clave es procurar que la guarnición sea ligera. Por ello, para acompañar el plato principal siempre usaremos verduras y hortalizas y evitaremos las salsas muy pesadas y las guarniciones de papas.

Postres

Los dulces no son algo que nos falte precisamente en estas fechas, así que para el postre es mejor elegir opciones frescas a base de fruta natural, o lácteos suaves. Otra posibilidad es prescindir del postre y pasar directamente a los dulces navideños. Eso sí, intentemos que éstos sean de alta calidad y apostemos por las bondades del chocolate puro.