Incluso cuando luchaba contra el Alzheimer, Gene Wilder nunca olvidó del todo su papel en 'El joven Frankenstein'

La esposa de Wilder habló por primera vez sobre su diagnóstico de Alzheimer en un artículo publicado el martes.

Gene Wilder murió en 2016 a la edad de 83 años. Aunque su familia no reveló el diagnóstico hasta después de su muerte, Wilder había padecido Alzheimer durante años, lo que eventualmente provocó su muerte. El martes, su cuarta esposa, Karen Wilder, habló por primera vez sobre la enfermedad y los últimos años de la vida de Wilder, en un artículo para ABC News sobre la tensión que la enfermedad puede causar en la vida de los cuidadores.

La señora Wilder narró cómo la enfermedad atacó sus recuerdos y sus habilidades motrices finas, pero no impidió que mantuviera algo del destello de sus antiguas películas y de la vida previa de la estrella de cine. “Una vez, en una fiesta con amigos, cuando se tocó el tema de El joven Frankenstein, no pudo acordarse del nombre de la película y tuvo que actuarla”, escribió.

Ella fue testigo de escenas incluso más devastadoras en los años que transcurrieron entre el diagnóstico y su muerte. “Un día en que se cayó en el patio y no pudo levantarse, lo acerqué hasta la orilla de la alberca y lo llevé flotando hacia el otro extremo, en donde había escaleras y un riel para ayudarlo”.

Famoso para algunos por su papel como Wonka en Willy Wonka y la fábrica de chocolate, Wilder interpretó otros personajes cuando trabajaba con Mel Brooks, actuando, escribiendo o ambos, primero en el musical Los productores, y luego en películas como El joven Frankenstein y Blazing Saddles. Dirigió películas como El mejor amante del mundo, en 1977, y La mujer de rojo, en 1984. Su última interpretación fue como actor invitado en Will & Grace, en 2003.

Cuando murió, su sobrino, Jordan Walker-Pearlman, explicó en una declaración por qué Wilder quiso mantener privado su diagnóstico de Alzheimer. “La decisión de esperar este momento para revelar su condición no fue la vanidad”, expresó Walker-Pearlman. “Sino que el gran número de niños que sonreían o lo llamaban diciendo ‘Ahí está Willy Wonka’ no tuvieran que exponerse a la referencia de una enfermedad de adultos o enfrentarse a la preocupación, la decepción o la confusión. Simplemente no podía tolerar la idea de una sonrisa menos en el mundo”.

*Texto originalmente publicado en Vanity Fair U.S.